Como muchos de ustedes saben, el tenis es mi deporte favorito. Lo practiqué durante muchos años cuando era chica, hice una pausa y hace tres años que volví a las canchas. Lo que nunca imaginé fue descubrir tantas similitudes entre dos de mis grandes pasiones: el tenis y la oratoria. En esta nota quiero contarte algunas de ellas.
El poder de la mente
El tenis es un deporte profundamente mental. Cuanto más nos castigamos por un error, más probabilidades tenemos de repetirlo. En cambio, cuando observamos nuestro desempeño desde el disfrute y la autocompasión, aumentan las posibilidades de aprender y mejorar.
Además, cada punto depende de nuestro propio rendimiento: de cuánto entrenamos, de cómo nos sentimos ese día y de nuestra capacidad para adaptarnos al contexto. No hay dos partidos iguales. Lo mismo ocurre cuando hablamos en público: cada audiencia, cada espacio y cada presentación son diferentes. Por eso, el diálogo interno que mantenemos con nosotros mismos puede convertirse en nuestro mayor aliado… o en nuestro principal obstáculo.
La respiración, una gran aliada
Tanto en la oratoria como en el tenis, respirar de manera consciente nos ayuda a atravesar momentos de alta exigencia.
En ambos casos, sabemos que otras personas nos están observando y eso puede incrementar los nervios. Queremos hacerlo bien y evitar que nuestros errores queden expuestos. Sin embargo, detenernos unos segundos para respirar antes de avanzar hacia el siguiente punto —o antes de continuar con nuestra exposición— puede marcar una enorme diferencia. La respiración nos ayuda a recuperar el foco, regular las emociones y responder con mayor claridad.
«Un punto a la vez»
Como suele decir Roger Federer, el tenis se juega «un punto a la vez». Esa idea también aplica a la oratoria.
Cuando la ansiedad toma el control, empezamos a pensar en todo lo que falta decir, aceleramos el ritmo y dejamos de conectar con el momento presente. Como consecuencia, el público pierde parte del mensaje y nosotros quedamos atrapados en un error en lugar de seguir adelante.
Concentrarnos en la idea que estamos comunicando en ese instante nos permite transmitir con mayor claridad y disfrutar mucho más del proceso.
«La victoria pertenece al más tenaz»
Esta frase, escrita en los laterales de la cancha central del estadio Philippe-Chatrier de Roland Garros, es un recordatorio de que los grandes logros son el resultado de la constancia.
En el tenis, nadie mejora de un día para el otro. La evolución llega después de muchas horas de práctica, de errores y de aprendizajes. Con la oratoria sucede exactamente lo mismo. Hablar con seguridad, conectar con una audiencia y disfrutar de una presentación no es un talento reservado para unos pocos: es una habilidad que se desarrolla con entrenamiento y perseverancia.
El aprendizaje que une a ambas disciplinas
Cada vez estoy más convencida de que el tenis y la oratoria tienen mucho más en común de lo que imaginaba. Ambas disciplinas nos desafían a gestionar nuestras emociones, confiar en nuestro proceso y volver a intentarlo incluso cuando las cosas no salen como esperábamos.
Al final, tanto en una cancha como frente a una audiencia, el verdadero desafío no es alcanzar la perfección, sino animarnos a jugar el próximo punto.
Bonus track!🍿🎾
Si te gusta el tenis —o simplemente disfrutás de las historias de aprendizaje y superación— te recomiendo el discurso que Roger Federer dio en la ceremonia de graduación de la universidad de Dartmouth. Habla de tenis, por supuesto, pero también de la vida, la resiliencia y, por qué no, del arte de hablar en público.
Accedé al discurso completo acá
Nos vemos en la cancha o en los escenarios…¡Hasta la próxima!

